Fernando Freire, el último sastre artesano de Santiago: un oficio que mira al futuro

El Correo Gallego ha dedicado recientemente un reportaje a Fernando Freire y a la situación de la sastrería artesanal en Santiago de Compostela, un oficio tradicional que lucha por mantenerse vivo y garantizar su continuidad a través de nuevas generaciones.

Bajo el título «El último sastre artesano de Santiago: Fernando Freire lucha por mantener vivo un oficio en peligro de extinción», el periódico pone el foco en nuestro taller y en una profesión en la que tradición, experiencia y trabajo manual siguen siendo fundamentales.

Una vida vinculada a la sastrería artesanal

La relación de Fernando Freire con la sastrería comienza prácticamente desde su nacimiento. Creció en Viñós, en el municipio de Arzúa, en una casa familiar en la que el taller de sastrería de su padre, Manuel Freire, ocupaba una estancia más.

Su padre fue su maestro y su madre, María Vázquez, su principal oficial. De ellos aprendió no solo las técnicas propias de la sastrería tradicional, sino también una forma de entender el oficio basada en la paciencia, la precisión, la perseverancia y el trabajo bien hecho.

Décadas después, ese legado continúa en nuestro taller de la Rúa Ramón Cabanillas de Santiago de Compostela, registrado con el número 11.518 en Artesanía de Galicia.

Prendas creadas de forma artesanal en Santiago

Frente a la producción industrial y la fabricación en serie, nuestro trabajo mantiene los procesos propios de la sastrería tradicional.

Cada creación comienza con la toma de medidas y el estudio de la configuración del cliente. Después llegan el diseño sobre el tejido, el corte, los hilos flojos, el entretelado, el hilvanado, la prueba, los ajustes y numerosas horas de trabajo hasta conseguir la prenda definitiva.

Trajes, chaquetas, pantalones, chalecos, abrigos, esmóquines o chaqués se confeccionan de manera personalizada, buscando que cada creación responda a las características, gustos y necesidades de la persona que la llevará.

Porque una prenda artesanal no consiste simplemente en adaptar unas medidas: se crea desde cero para una persona concreta.

El gran reto: garantizar el relevo generacional

El reportaje de El Correo Gallego también permite poner sobre la mesa uno de los principales desafíos a los que se enfrenta actualmente la sastrería artesanal: la falta de relevo generacional.

Conservar un oficio tradicional no significa únicamente seguir confeccionando prendas. También implica transmitir los conocimientos y las técnicas que durante décadas han pasado de maestros a aprendices.

Por ello, una parte importante de nuestro compromiso con la sastrería está vinculada a la formación de nuevos profesionales.

Fernando Freire y el oficial de sastrería Ramón Lareo participan en iniciativas formativas destinadas a enseñar las técnicas tradicionales del oficio y contribuir a que nuevas generaciones puedan continuar desarrollándolo profesionalmente.

Tradición, pero también futuro

Hablar de sastrería artesanal puede parecer hablar de un oficio del pasado. Para nosotros significa precisamente lo contrario.

La personalización, la utilización de tejidos de calidad, la durabilidad de las prendas, el aprovechamiento de los materiales y la producción realizada íntegramente en un taller local son valores que adquieren cada vez más importancia.

Mantener la tradición no significa renunciar a evolucionar. Significa conservar todo aquello que continúa aportando valor y combinar experiencia, técnica y conocimiento para seguir creando prendas únicas.

El reconocimiento de El Correo Gallego supone una nueva oportunidad para dar visibilidad a la sastrería artesanal y reivindicar un oficio que forma parte de nuestra historia y de nuestro patrimonio.

Y, sobre todo, para recordar que su futuro dependerá de que seamos capaces de transmitirlo.

Porque un oficio permanece vivo mientras haya alguien dispuesto a aprenderlo y alguien dispuesto a enseñarlo.

Reportaje relacionado:
El último sastre artesano de Santiago: Fernando Freire lucha por mantener vivo un oficio en peligro de extinción — El Correo Gallego, 25 de junio de 2026.